Permacultura en Acción

en agosto 15 | en Protagonistas | de | con Comentarios desactivados en Permacultura en Acción

permacultura-Cana-Dulce_letrero

Este verano he asistido al curso Permacultura en Acción en Permacultura Caña Dulce, escuela de permacultura ubicada a orillas del Río Grande en Coín, Málaga, referente de permacultura aplicada en la Península Ibérica –que imparten desde hace 15 años Lucho Iglesias y Matricia Lana– por el que han pasado ya más de 1.000 personas. Unos días de formación teórico-práctica y de convivencia, y además mi primera toma de contacto con la dieta higienista, el yoga kundalini, la comunicación no violenta… y tantos otros descubrimientos (inodoros de humus, adobes de cáñamo, termo-arcilla, depuración de aguas grises, etc.).

El término “permacultura” lo dieron a conocer por primera vez, en 1978, los australianos Bill Mollison y David Holmgren. Según la Wikipedia, se trata de “un sistema de principios de diseño agrícola y social, político y económico basado en los patrones y las características del ecosistema natural” que supone “una respuesta positiva a la crisis ambiental y social que estamos viviendo”. El propio Bill Mollison, en su libro Introducción a la Permacultura, afina aún más la definición: “un sistema de diseño para la creación de medioambientes humanos sostenibles”.

plantando puerros en el curso Permacultura en Acción
Lo que sigue a continuación es el punto de vista de dos de mis compañeros (a los que agradezco su participación), y el mío propio, sobre nuestra experiencia individual en el curso de Permacultura en Acción que hemos realizado en Permacultura Caña Dulce en Coín (Málaga):

Aun sabiendo que la Permacultura tiene unos valores universales, ciertas técnicas y prácticas son específicas para cada región, por lo que ya imaginaba que parte de la información que iba a recibir no me sería de utilidad en Brasil, donde tengo pensado enraizarme y crear con mi compañera un espacio/laboratorio multicultural que sea autosuficiente en la mayor medida posible.

Pero otra sí. Por eso me animé a participar en este curso que me habían recomendado encarecidamente. Lo que no sabía es lo que la experiencia en sí me iba a aportar, y que finalmente iba a ser lo más significativo del curso.

Matricia y Lucho son dos seres entregados a su proyecto y que han aprendido tanto a través de los estudios como de su propia experiencia. Además son dos personas excepcionales, sinceras y humildes. Y eso lo transmiten al grupo con el que trabajan, haciéndote sentir desde el principio acogido, que es lo que finalmente ha permitido que creemos una gran familia después de unos pocos días en comunidad.

Matricia se encarga de la parte humana y espiritual, y lo hace de una manera muy directa, clara y sobre todo honesta. Habla desde ella, de sí misma, de su propia experiencia y eso llega porque es real. Yoga, CNV (Comunicación No Violenta), la Nueva Medicina Germánica, Taller de abrazos y Taller de la Risa son las técnicas y herramientas que utiliza.

Lucho tiene un conocimiento de Permacultura increíble. Más que conocimiento yo diría sabiduría, porque no es solo a través de los estudios que ha aprendido Permacultura, sino sobre todo a través de una extensa experiencia. Y te lo explica todo de forma clara y directa. Su amor por lo que hace, por los pequeños detalles que la naturaleza y su modo de vida le brindan, te lo transmite de corazón a corazón.

También están los colaboradores. Dario, el chef italiano, creando una excelente comida higienista. Jessie, ayudando en la cocina y otras labores. Y Nieves y Tato también colaborando y al mismo tiempo participando del curso. Personas todas muy bellas.

Y no nos olvidemos de Deva. La energía fresca y libre que aparece esporádicamente por aquí y por allá brindando aún más naturalidad a la experiencia. El hijo de Matricia y Lucho.

Y por último, pero no por eso menos importante, el grupo, los participantes del curso. Voy a nombrarlos a todos porque todos han sido una parte muy importante de esta experiencia: Raquel, Rakel, Georgina, Guadalupe, Mikel, Ricardo, Carlos, Manuel, Iñaki, Eduardo, Jose y Juan. Personas muy diferentes y ricas, que cada una por un motivo u otro ha decidido realizar este curso en este preciso momento haciendo posible la creación de este grupo, esta unidad de seres tan particular y específica. Todos con un bagaje muy diferente pero con una motivación en común: la Permacultura.

Tras unos días de convivencia y también gracias a los talleres con Matricia, todos nos hemos ido descontrayendo, desvelando más nuestro interior, conectando con nosotros mismos y con los demás desde un plano más íntimo y profundo, lo que ha permitido que creemos una comunidad sincera, divertida y amorosa.

El día a día con el yoga, las duchas y los baños secos comunitarios, las charlas de Permacultura en la fresca sala, sus prácticas, los talleres, las comidas higienistas, los baños en la alberca, las charlas con las/os compañeras/os, las noches con chistes y música en vivo improvisada…

Todos estos momentos, compartidos cada día de una forma más libre, hacen de este curso una experiencia inolvidable que crea vínculos que, creo yo, van a perdurar largamente en el tiempo.

Gracias a todas/os por haber hecho parte de esta experiencia.

Rodolfo Mantje. Bahía (Brasil).


 

 

Lucho Iglesias nos muestra el hotel de insectos de su huerta en Permacultura Caña Dulce
Cuidado de la Tierra, cuidado de la gente, vida sostenible.
Sí, otro Mundo es posible.
Y lo sé. Lo he vivido. Durante 6 días en Caña Dulce.
Lucho y Matricia sosteniéndonos, acompañándonos.
Enseñanza magistral. A todos los niveles: intelectual, emocional, física, espiritual.
El grupo… convivencia, respeto, no juicio y la sabiduría infinita que cada uno aportamos.
Maravilloso.
Permacultura en acción… Ahora lo entiendo. Me lo llevo a la ciudad, se queda conmigo. Mi mirada se expande.
Y una imagen… Pies descalzos sobre la Tierra. Pies que sienten los ciclos continuos, cambiantes, constantes.

Raquel Argentea. Málaga.


 

 

un momento del curso Permacultura en Acción
Me apunté en este curso por recomendación de un amigo, ya que no conocía de su existencia. Y fue todo un acierto, tanto por los conocimientos adquiridos como por la experiencia humana que compartí con mis compañeros de curso, a los que no conocía previamente y a quienes ahora me siento unido por un mismo fin: hacer de la permacultura nuestra filosofía y modo de vida.

Me interesaba el hecho de que fuese una introducción avanzada a los principios de diseño de la permacultura. Tenía algunas nociones de un curso que hice tiempo atrás, que me dejó muy buen sabor de boca, y quería seguir aprendiendo y afianzando conceptos y prácticas.

Me produjo buenas sensaciones leer que se trataba de un curso asentado en tres pilares: cuidado de la tierra, cuidado de la gente y una sociedad equitativa. Me gusta esa relación entre las personas y la tierra (así, en minúsculas).

De la parte teórica, me quedo con la ecuación mínimo esfuerzo/máximo rendimiento, la frase “trabajar con la naturaleza, no contra ella” (y aceptar que las adventicias aprenden a convivir con las plantas de la huerta), y la ética de la permacultura (cuidar la tierra, cuidar la sociedad y redistribuir los excedentes).

En la parte práctica, cada mañana asistí a las clases de yoga kundalini como debutante; una experiencia que permitió liberar óxido de mis articulaciones y expandir mi alma. También fue muy interesante el taller de comunicación no violenta, para aprender a expresarnos desde la empatía. Muy profundo el taller de abrazoterapia, para experimentar que somos uno. Y muy divertido el taller de risoterapia.

Además, vimos (y usamos) la alberca-piscina, los inodoros de humus y la ducha solar; pudimos disfrutar de platos cocinados con la cocina solar, así como fruta deshidratada por convección en el deshidratador solar; plantamos un bancal de puerros; realizamos un filtro de aguas grises domésticas que regarán un pequeño jardín; conocimos el funcionamiento de un vermicompostador; conocimos con detalle fundamentos y materiales de bioconstrucción; nos obsequiaron con semillas ecológicas… e, inesperadamente, vivimos un incendio en una finca colindante –sofocado gracias a los bomberos y el piloto del helicóptero que arriesgó su vida en cada pasada para soltar agua– (toda una experiencia que sirvió para unir aún más al grupo tras el susto). Por la noche, una bonita fiesta nos permitió celebrar la vida con música y humor a la luz de las velas y de la estrellas.

Quiero recordar a todas las personas que me acompañaron durante el curso: Rodolfo (holandés, tramitando la residencia en Brasil), Rakel (Murcia), Mikel (Asturias), Iñaki (español residente en Ohio, EE.UU.), Manuel (“de Al Ándalus”), Georgina (Valencia), Ricardo (Alicante), Nieves (Fuerteventura), José (Guadalajara), Raquel (Málaga), Tato (Chiclana, Cádiz), Guadalupe (Madrid) y Juan (Torrelodones, Madrid). Como formadores, Lucho Iglesias (cofundador de Caña Dulce, responsable de las áreas de agroecología, bosque de alimentos y formación en permacultura) y Matricia Lana (yoga Kundalini, facilitación de grupos, comunicación no violenta, abrazoterapia y risoterapia); dos personas excelentes en todos los sentidos. Y no quiero olvidarme de Dario, chef italiano que nos deleitó con un menú higienista sabroso, variado y muy cuidado; de Jessie, voluntaria en Caña Dulce; y Deva, precioso niño que nos ofrecía su visión aún inocente (o no tanto) a las preocupaciones de este grupo de adultos que buscamos en la permacultura un referente para seguir creciendo como personas en armonía con la vida en todas sus formas.

Carlos Sanz Matarranz. Madrid.

menú de dieta higienista

Para más información:

Curso de Permacultura en Acción

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